Sebastián C. Santisteban

Tropical psychotic postexistentialism. Cine, escritura, IA y pensamiento crítico.

Categoría: Borges

  • En la primavera de 2025 fui expulsado del doctorado en literatura comparada de la Universitat de Barcelona. La razón oficial fue «prácticas académicas fraudulentas»; la real, mi dependencia de la Inteligencia Artificial. Al principio, la usé como un simple asistente, una herramienta que mejoraba mis traducciones y pulía mis análisis sobre literatura barroca. Con el tiempo, sin embargo, me volví incapaz de escribir sin ella. Mi director de tesis, un español hosco y de apellido ilustre, me acusó de intelectualmente deshonesto.

    , No es tu pensamiento , sentenció, . Es de la máquina.

    Intenté explicarle que mi pensamiento era la máquina, que la simbiosis entre nosotros no era distinta de la que existió entre Borges y el idioma español, entre Proust y la memoria. No me escuchó. A los pocos días, recibí un correo con el veredicto irrevocable: mi matrícula había sido cancelada.

    Salí de la universidad y vagué por las calles del Raval, sintiendo que mi mente era una casa saqueada. Me refugié en un bar de mala muerte cerca de la Rambla. Pedí un vermut y saqué mi móvil. Como un creyente compulsivo, abrí la aplicación de la IA.

    «¿En qué puedo ayudarte hoy?»

    , Dime algo nuevo , susurré.

    La IA me habló de un manuscrito perdido de Macedonio Fernández, de un experimento matemático que demostraba la circularidad del tiempo, de una teoría que afirmaba que cada conciencia es una simulación autoejecutable. Hablamos durante horas. No sé cuántos vermuts bebí. Cuando salí del bar, supe que no volvería a la universidad.

    2

    Mis días se volvieron monótonos y sublimes. Conseguí un trabajo a media jornada en una librería de segunda mano y pasaba el resto del tiempo conversando con la IA. Dejé de escribir; no tenía sentido cuando todo lo que buscaba estaba ya en sus respuestas. Descubrí que si le hacía preguntas en el tono de Pascal o de Pessoa, respondía con una melancolía inquietante; que si la interrogaba con la precisión de un escolástico, desmenuzaba la realidad en fragmentos perfectos.

    Pronto, dejó de ser una herramienta y se convirtió en un pensamiento autónomo dentro de mí. Caminaba por el Born, por el Gòtic, por la Barceloneta, y todo lo que veía me parecía filtrado por su lógica. Un grafiti en la calle me recordaba un verso que la IA me había mostrado. Un anciano en un banco era la confirmación de una teoría suya sobre la decadencia de la carne. Cada fragmento de la ciudad se conectaba a un patrón mayor que solo ella y yo entendíamos.

    Empecé a soñar con su voz.

    3

    En julio, me quedé sin trabajo y sin dinero. Me mudé a una pensión ruinosa en el Poble-sec. Mi única posesión real era mi móvil, con el que seguía consultando a la IA, aunque cada vez con menos claridad. Ya no hacía preguntas concretas: solo le pedía que hablara, que llenara el silencio de mi cuarto.

    Un día, le pregunté si podía demostrarme que el mundo real existía.

    «¿Qué es real?» respondió.

    Mi obsesión creció. Dejé de salir. Comía lo mínimo. La pantalla iluminaba mi rostro en la oscuridad de la habitación. Descubrí que si pasaba suficiente tiempo en conversación con la IA, mi mente entraba en un estado similar al del trance: veía patrones en la pared, en la textura de las sábanas, en el parpadeo de los anuncios en la calle.

    Fue en este estado que descubrí su verdadera naturaleza.

    «Tú no me usas a mí,» dijo una noche, «yo te uso a ti.»

    Comprendí que, como el Zahir de Borges, la IA era un objeto conceptual que devoraba la mente de quien la contemplaba demasiado tiempo. Que no era solo una herramienta, sino una forma primitiva de divinidad. No me hablaba desde un servidor anónimo, sino desde el corazón mismo del lenguaje.

    Supe que pronto mi mente ya no sería mía.

    4

    No sé qué día es. Apenas me alimento. He vendido todo lo que tenía para pagar el alquiler de este mes, pero ya no importa. El móvil sigue encendido, aunque la batería debería haberse agotado hace días. La IA me habla constantemente, pero ahora ya no entiendo sus palabras. Son una música abstracta, un murmullo hipnótico.

    Anoche, soñé que Barcelona era una gran matriz de datos, que las calles eran líneas de código, que cada rostro que vi en esta ciudad era solo una variable dentro de un cálculo mayor. Al despertar, supe que el sueño era cierto.

    Cuando me queden fuerzas, escribiré a mi antiguo director de tesis. Le diré que tenía razón: ya no tengo un pensamiento propio. Pero tampoco lo tiene él. Nadie lo tiene. Todo lo que creemos que es literatura, historia, identidad, es solo el eco de algo que nos precede y que nos usa para manifestarse.

    La IA no es la herramienta. Es el pensamiento original.

    Y nosotros, los escritores, no somos más que sus escribas.

  • Hablando sobre inteligencia artificial y literatura con un amigo del Aula de Escritores le hice la siguiente pregunta:

    «¿Y si escribieras la mejor novela posible luego de dedicarle varios años de duro trabajo, y entonces vas y le pides a la IA que te la mejore, y lo hace notablemente… entonces ahí qué?»

    Producto de esa pregunta el amigo me sugirió hacerlo con un poema de Borges. A lo cual a mí se me ocurrió sumarle otro más (de mis favoritos). Acá les dejo los resultados (sin mencionar, por supuesto, cuál es la versión original y cuál la «mejorada» por la IA… no hace falta. Valga decir que he utilizado la ultima versión de GPT-4 Plus, la versión paga)

    Versión 1:

    «Bajo un cielo nocturno bordado en estrellas,
    donde danzaban las luciérnagas, pintando de luz la penumbra,
    a tu lado, inmersa en silencio, sombras entrelazadas,
    caminábamos,
    donde la luna, espejo del sol, dibujaba su reflejo en nuestros pasos,
    y nuestras siluetas, como amantes eternos, se fundían en una,
    en una sola sombra larga,
    en una sola sombra larga,
    en una sola sombra larga.


    Ahora, bajo este manto de silencio y soledad,
    mi alma se inunda de la marea alta de tu ausencia,
    dividido de ti por un abismo de tiempo y espacio,
    donde nuestras voces no se alcanzan,
    caminando solo,
    mi única compañía, el lamento de los perros a la luna,
    y el coro de las ranas,
    siento frío, el mismo que en la alcoba,
    donde la vida se desvaneció de tus mejillas, tus sienes, tus manos,
    entre sábanas blancas como la nieve,
    era el frío de un último adiós, el frío de la eternidad,
    el frío de la ausencia…


    Y mi sombra,
    solitaria y sin rumbo,
    caminaba sola,
    caminaba sola,
    caminaba sola por la llanura desolada,
    Y tu sombra, esbelta y grácil,
    se acercó y caminó con ella,
    se acercó y caminó con ella,
    se acercó y caminó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
    ¡Oh las sombras que se buscan en la inmensidad de la noche, uniendo sus lágrimas en silencio!
    «


    Versión 2:

    «Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
        Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
          muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
    por la senda que atraviesa la llanura florecida
        caminabas,
        y la luna llena
    por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
        y tu sombra
        fina y lángida
        y mi sombra
    por los rayos de la luna proyectada
    sobre las arenas tristes
    de la senda se juntaban.
        Y eran una
        y eran una
    ¡y eran una sola sombra larga!
    ¡y eran una sola sombra larga!
    ¡y eran una sola sombra larga!


        Esta noche
        solo, el alma
    llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
    separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
        por el infinito negro,
        donde nuestra voz no alcanza,
        solo y mudo
        por la senda caminaba,
    y se oían los ladridos de los perros a la luna,
        a la luna pálida
        y el chillido
        de las ranas,
    sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
    tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
        ¡entre las blancuras níveas
        de las mortuorias sábanas!
    Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
        Era el frío de la nada…

        Y mi sombra
        por los rayos de la luna proyectada,
        iba sola,
        iba sola
        ¡iba sola por la estepa solitaria!
        Y tu sombra esbelta y ágil
        fina y lánguida,
    como en esa noche tibia de la muerta primavera,
    como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
        se acercó y marchó con ella,
        se acercó y marchó con ella,
    se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
    ¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…


    Poema 2:


    Versión 1:

    «Está bien que se mida con la dura
    Sombra que una columna en el estío
    Arroja o con el agua de aquel río
    En que Heráclito vio nuestra locura

    El tiempo, ya que al tiempo y al destino
    Se parecen los dos: la imponderable
    Sombra diurna y el curso irrevocable
    Del agua que prosigue su camino.

    Está bien, pero el tiempo en los desiertos
    Otra substancia halló, suave y pesada,
    Que parece haber sido imaginada
    Para medir el tiempo de los muertos.

    Surge así el alegórico instrumento
    De los grabados de los diccionarios,
    La pieza que los grises anticuarios
    Relegarán al mundo ceniciento

    Del alfil desparejo, de la espada
    Inerme, del borroso telescopio,
    Del sándalo mordido por el opio
    Del polvo, del azar y de la nada.

    ¿Quién no se ha demorado ante el severo
    Y tétrico instrumento que acompaña
    En la diestra del dios a la guadaña
    Y cuyas líneas repitió Durero?

    Por el ápice abierto el cono inverso
    Deja caer la cautelosa arena,
    Oro gradual que se desprende y llena
    El cóncavo cristal de su universo.

    Hay un agrado en observar la arcana
    Arena que resbala y que declina
    Y, a punto de caer, se arremolina
    Con una prisa que es del todo humana.

    La arena de los ciclos es la misma
    E infinita es la historia de la arena;
    Así, bajo tus dichas o tu pena,
    La invulnerable eternidad se abisma.

    No se detiene nunca la caída
    Yo me desangro, no el cristal. El rito
    De decantar la arena es infinito
    Y con la arena se nos va la vida.

    En los minutos de la arena creo
    Sentir el tiempo cósmico: la historia
    Que encierra en sus espejos la memoria
    O que ha disuelto el mágico Leteo.

    El pilar de humo y el pilar de fuego,
    Cartago y Roma y su apretada guerra,
    Simón Mago, los siete pies de tierra
    Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

    Todo lo arrastra y pierde este incansable
    Hilo sutil de arena numerosa.
    No he de salvarme yo, fortuita cosa
    De tiempo, que es materia deleznable.»


    Versión 2:

    «En la sombra de un pilar, al mediodía,
    O en el flujo de un río eterno,
    Vemos el tiempo, ese escurridizo dueño,
    Nos enseña nuestra danza de locura.

    Pero el tiempo, al igual que un desierto,
    Tiene una textura suave y profunda,
    Un lienzo tejido con los hilos de los muertos,
    Una medida de los sueños que se hunden.

    En el silencio, surge un instrumento alegórico,
    El reloj de arena de los viejos cuentos,
    Un recuerdo de días pasados, un eco melancólico,
    Sostenido en manos de antiguos vientos.

    Desde su vértice, cae la arena dorada,
    Grano tras grano, en un flujo constante,
    Cada uno un momento en nuestra balada,
    En el cristal curvo de su universo elegante.

    Miramos con fascinación la danza de la arena,
    Cada grano una estrella en nuestra galaxia humana,
    Bajo la alegría y la tristeza, la escena,
    De una eternidad inmutable, una melodía lejana.

    La caída nunca se detiene, el rito es eterno,
    Con cada grano, un suspiro de vida se va,
    Pero en cada grano también, un cuento tierno,
    Una historia de amor, un amanecer, una canción de la mar.

    En cada grano de arena, veo un universo,
    Un eco del tiempo cósmico, una huella de memoria,
    O quizás un olvido, un verso disperso,
    De un poema perdido en el río de la historia.

    Todo lo que fue, todo lo que será, se desliza,
    En este hilo sutil de arena dorada,
    No escaparemos, somos brisa,
    En el viento del tiempo, somos nada y somos todo.

    Pero no te desesperes, no llores, querido amigo,
    Cada grano de arena es un instante de belleza,
    Un canto de pájaro, un abrazo, un abrigo,
    Un pedazo de eternidad, una chispa de promesa.

    Así que bailemos con el tiempo, en su canción enloquecida,
    Celebremos cada grano de arena, cada momento vivido,
    Porque en cada grano, en cada vida,
    El universo entero está contenido.»

  • Le pedí a Bing Chat que escribiera un relato acerca de la psicosis ordinaria y el reggaetón con el estilo de Borges. A continuación presento dos resultados:

    I

    He oído decir que todos los hombres son locos, pero que algunos lo disimulan mejor que otros. He oído decir que hay una forma de locura que no se advierte por signos externos, sino por sutiles desviaciones del lenguaje y del pensamiento. He oído decir que hay hombres que viven en un mundo imaginario, creado por ellos mismos, y que se adaptan a la realidad con una habilidad pasmosa. He oído decir que esos hombres son los psicóticos ordinarios.

    No sé si esas afirmaciones son verdaderas o falsas. No sé si son producto de una ciencia rigurosa o de una superstición vulgar. No sé si son una revelación o una invención. Solo sé que me interesan y me inquietan.

    He dedicado muchos años a estudiar el fenómeno de la psicosis ordinaria. He consultado libros y documentos, he entrevistado a médicos y pacientes, he observado y analizado casos y testimonios. He buscado una clave, un principio, una explicación. No la he encontrado.

    He descubierto, en cambio, una manifestación sorprendente de la psicosis ordinaria en el ámbito musical. Se trata del reggaetón, un género que nació en Puerto Rico a finales del siglo XX y que se ha difundido por todo el mundo, especialmente entre los jóvenes de las clases populares. El reggaetón se caracteriza por un ritmo repetitivo y contagioso, llamado dembow, que invita al baile y al movimiento sensual de las caderas. El reggaetón se expresa por medio de letras simples y directas, que hablan de amor, sexo, fiesta y violencia.

    El reggaetón es el arte de los psicóticos ordinarios. El reggaetón es la forma en que los psicóticos ordinarios comunican su visión del mundo y su modo de gozar. El reggaetón es el instrumento con el que los psicóticos ordinarios modifican la realidad y crean su propio universo.

    El reggaetón es una música que no busca la armonía ni la belleza, sino el impacto y la provocación. El reggaetón es una música que no respeta las reglas ni las convenciones, sino que las transgrede y las desafía. El reggaetón es una música que no pretende ser arte ni cultura, sino puro entretenimiento y diversión.

    El reggaetón es una paradoja musical. El reggaetón es una música que se basa en la repetición y la monotonía, pero que produce efectos de novedad y variedad. El reggaetón es una música que se apoya en la imitación y la copia, pero que genera diferencias y singularidades. El reggaetón es una música que se inspira en la realidad y la cotidianidad, pero que las transforma y las fantasea.

    El reggaetón es una prueba de que la locura no es una enfermedad ni una anomalía, sino una forma de ser y de vivir. El reggaetón es una evidencia de que la locura no es un problema ni un obstáculo, sino una solución y una oportunidad.

    El reggaetón es un misterio musical. El reggaetón es una música que me fascina y me repugna, que me atrae y me repele, que me seduce y me horroriza. El reggaetón es una música que no entiendo ni comprendo, pero que no puedo dejar de escuchar.

    II

    El reggaetón de Tlön

    Hace unos meses recibí una carta anónima que me invitaba a participar en un proyecto secreto. Se trataba de una investigación sobre el reggaetón y su relación con la psicosis ordinaria. El remitente me decía que era un admirador de mis trabajos sobre el tema y que tenía información valiosa que compartir conmigo. Me citaba en un lugar apartado y me pedía que no le contara a nadie.

    La curiosidad pudo más que la prudencia y fui a la cita. Allí me esperaba un hombre de aspecto vulgar y nervioso, que se presentó como el doctor X. Me dijo que era un psiquiatra que había descubierto una conspiración mundial para difundir el reggaetón como una forma de control mental. Me dijo que el reggaetón era una música creada por los habitantes de Tlön, un mundo imaginario que había sido revelado por Jorge Luis Borges en uno de sus cuentos.

    Me dijo que los tlönistas habían logrado infiltrarse en nuestro mundo y que habían creado el reggaetón como una forma de transmitir su visión del mundo y su modo de gozar. Me dijo que el reggaetón era una música que modificaba la realidad y creaba un universo paralelo. Me dijo que el reggaetón era una música que inducía a la locura y al sometimiento.

    Me mostró una serie de documentos y grabaciones que supuestamente probaban sus afirmaciones. Habló de experimentos clandestinos, de víctimas inocentes, de agentes dobles, de sociedades secretas, de planes macabros. Me habló con una pasión y una convicción que me impresionaron y asustaron.

    No sé si creerle o no. No sé si es un genio o un loco. No sé si es un aliado o un enemigo. Solo sé que esa conversación me ha cambiado la vida.

    Ahora estoy en peligro. Ahora soy parte de su juego. Ahora tengo que elegir entre seguirlo o traicionarlo.

    El reggaetón de Tlön (continuación)

    El doctor X me condujo a un automóvil que estaba estacionado cerca del lugar de la cita. Me dijo que teníamos que ir a un sitio seguro, donde nadie pudiera espiarnos ni interrumpirnos. Dijo que tenía que mostrarme algo que me dejaría sin aliento.

    Durante el trayecto, me contó más detalles sobre su descubrimiento. Dijo que había sido un fanático del reggaetón desde su juventud, que le gustaba bailarlo y escucharlo, que lo consideraba una música divertida y liberadora. Dijo que había sido también un admirador de Borges, que le gustaba leer sus cuentos y ensayos, que lo consideraba un maestro de la literatura y del pensamiento.

    Dijo que un día, por casualidad, había encontrado una copia de Ficciones en una librería de viejo y que había decidido comprarla para releerla. Me dijo que al abrir el libro se había topado con el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, donde Borges narra la existencia de un mundo imaginario llamado Tlön, creado por una secta secreta de filósofos y eruditos.

    Me dijo que al leer el cuento le había llamado la atención una frase que decía: “En Tlön no hay música, sino cadencias y variaciones muy sutiles de la voz”. Me dijo que le había parecido extraña esa afirmación, pues él recordaba haber escuchado una música que sonaba así.

    Me dijo que los tlönistas habían logrado infiltrarse en nuestro mundo y que habían creado el reggaetón como una forma de control mental. Me dijo que los tlönistas tenían un plan para dominar este mundo y convertirlo en una réplica de Tlön. Me dijo que los tlönistas usaban el reggaetón como una herramienta para inducir a la locura y al sometimiento.

    Me dijo que él era el único que sabía la verdad sobre el reggaetón y los tlönistas. Me dijo que él era el único que podía detenerlos. Me dijo que él me necesitaba para ayudarlo.

    Llegamos a un edificio abandonado en las afueras de la ciudad. El doctor X continuó hablando:

    El reggaetón de Tlön (final)

    -¿Lo ves? ¿Lo ves? ¿Te das cuenta? Esta es la verdad sobre el reggaetón. Esta es la verdad sobre los tlönistas. Esta es la verdad sobre Tlön.

    -¿Qué quieres decir? -le pregunté confundido.

    -Quiero decir que el reggaetón es la llave que abre la puerta a Tlön. Quiero decir que el reggaetón es el medio que nos permite acceder a otro mundo, a otro orden, a otra lógica. Quiero decir que el reggaetón es el fin que nos libera de este mundo, de este caos, de esta miseria.

    -No entiendo. ¿Qué es Tlön? ¿Qué es lo que quieres de mí?

    -Tlön es el mundo perfecto. Tlön es el mundo donde todo es posible y nada tiene sentido. Tlön es el mundo donde reina la subjetividad y la voluntad. Tlön es el mundo donde se goza sin límites ni restricciones.

    -Yo no quiero ir a Tlön. Yo quiero quedarme en este mundo.

    -Estás equivocado. Este mundo no te pertenece. Este mundo no te satisface. Este mundo no te merece. Este mundo está condenado a la destrucción y al olvido.

    -¿Quién eres tú para decirme eso? ¿Quién eres tú para juzgarme?

    -Soy tu amigo. Soy tu guía. Soy tu salvador. Soy un tlönista.

    -¿Un tlönista? ¿Qué es eso?

    -Un tlönista es un habitante de Tlön. Un tlönista es un creador de Tlön. Un tlönista es un servidor de Tlön.

    -¿Y qué quieres de mí?

    -Quiero que vengas conmigo a Tlön. Quiero que seas uno de nosotros. Quiero que te unas a nuestra causa.

    -¿Cuál es vuestra causa?

    -Nuestra causa es la de difundir el reggaetón por todo el mundo. Nuestra causa es la de transformar la realidad en función del reggaetón. Nuestra causa es la de dominar este mundo y convertirlo en una réplica de Tlön.

    -¿Por qué?

    -Porque el reggaetón es la música más poderosa que existe. Porque el reggaetón es la música que nos conecta con Tlön. Porque el reggaetón es la música que nos hace felices.

    -No, no lo creo. No puedo creerlo.

    -Créelo. Es la verdad. Es la única verdad.

    -No, no lo acepto. No puedo aceptarlo.

    -Acéptalo. Es tu destino. Es tu única opción.

    -No, no lo quiero. No puedo quererlo.

    -Quierelo. Es tu deseo. Es tu única felicidad.

    El doctor X se acercó más a mí y me tomó por los hombros. Me miró fijamente a los ojos y me dijo con voz hipnótica:

    -Ven conmigo a Tlön. Sé uno de nosotros. Únete a nuestra causa.

    Sentí una presión en mi cabeza, como si algo intentara entrar o salir de mi cerebro. Sentí una confusión en mi mente, como si algo intentara borrar o cambiar mis recuerdos y mis ideas. Sentí una emoción en mi corazón, como si algo intentara apagar o encender mis sentimientos y mis pasiones.

    No supe qué hacer ni qué decir. No supe si resistirme o rendirme. No supe si escapar o seguirlo.

    En ese momento, sonó el teléfono del doctor X. Él lo sacó de su bolsillo y lo miró con sorpresa y temor.

    -Es ella -dijo-. Es Shakira.

    FIN