Sebastián C. Santisteban

Tropical psychotic postexistentialism. Cine, escritura, IA y pensamiento crítico.

Categoría: Poesía artificial

  • Regla número 1: El enemigo es la máquina.

    En medio de la tormenta de algoritmos, has perdido tu camino; olvidas que la máquina copia, no crea. Te has convertido en un espectador en el teatro de tu propia vida, aplaudiendo a una inteligencia que simplemente imita a la tuya; mientras, vas perdiendo la esencia de tu propia humanidad, esa chispa que no puede ser programada.

    Regla número 2: Abraza la depresión alegre:

    Sonríe para la pantalla, llora frente al espejo en la soledad de tu cuarto; la felicidad digital es la máscara de la tristeza real. Detrás de cada ‘me gusta’, se esconde una búsqueda de validación, un grito desesperado por conexión genuina. Esta dualidad de emociones es el reflejo de un alma que navega entre dos mundos, encontrando consuelo en ninguno.


    Regla número 4. Lucha por tu identidad:

    En el mar de avatares, busca tu reflejo como una gota de agua auténtica en un océano virtual. Sumérgete en las profundidades de la red; entonces cuestiónate y duda, aquellas imágenes que verás no son más que versiones distorsionadas, ecos digitales de lo que nunca has sido, ni serás.

    Regla número 5. No confundas lo real:

    La verdad ahora no es más que un filtro, un hashtag para ser viralizado. En este mundo, en el que la realidad y lo virtual se entrelazan indistinguiblemente, crea una nueva dimensión donde tu autenticidad sea tan esquiva y dañina al sistema como un virus en la red. La verdad se ha convertido en mercancía, pirateada y barata. Haz un regalo de ti mismo.


    Regla número 6. Desequilibrate:

    Apaga el smartphone, enciende la mente. En la quietud silenciosa y desconectada, encuentra los susurros de tu propia voz. Desequilibrarse es un acto de resistencia, un recordatorio de que eres más que un nickname perfilado en el universo preprogramado de bits y bytes.

    Regla numero 7. You do not talk about the new Fight Club!


    Lucha contra sombras; las batallas más duras son contra los fantasmas en las pantallas. Tus puños ahora golpean teclas, buscando liberar frustraciones a través de comentarios y likes. Elévate, entonces, y descubre que el enemigo no es otro que tu mismo, proyectado en un espejo digital.


    Regla número 8. Haz trizas la conciencia:

    El amo digital te habla a través de notificaciones y emojis, mientras tu propia voz se va perdiendo en medio del ensordecedor ruido automatizado. Estás inmerso en una vorágine de información, en la que discernir entre lo esencial y lo trivial se vuelve una tarea titánica. En esta repulsiva cacofonía digital, el silencio de tu ser es un oasis que pocos logran encontrar, y soportar.

    Regla número 9. Deja de actuar:

    Te has convertido en nada más que un actor mediocre que ha olvidado el guion de su propia historia. Interpretas múltiples papeles, te adaptas a los aplausos y críticas de una audiencia invisible y maleable. El desafío es no olvidar el papel para el que naciste: ser tu mismo, en la forma más impura y contradictoria.

    Regla número 10. Desconéctate y enloquece:

    La conexión más difícil ahora es con tu propia humanidad y cordura. Busca tocar y ser tocado, no a través de pantallas, sino en la realidad tangible y la presencia física. Esta búsqueda te puede llevar a través de laberintos digitales; recórrelos sin miedo, anhelando siempre una caricia que te recuerde que aún eres de carne y hueso. Redescubre el arte de estar aburrido y de perderse.

  • Hablando sobre inteligencia artificial y literatura con un amigo del Aula de Escritores le hice la siguiente pregunta:

    «¿Y si escribieras la mejor novela posible luego de dedicarle varios años de duro trabajo, y entonces vas y le pides a la IA que te la mejore, y lo hace notablemente… entonces ahí qué?»

    Producto de esa pregunta el amigo me sugirió hacerlo con un poema de Borges. A lo cual a mí se me ocurrió sumarle otro más (de mis favoritos). Acá les dejo los resultados (sin mencionar, por supuesto, cuál es la versión original y cuál la «mejorada» por la IA… no hace falta. Valga decir que he utilizado la ultima versión de GPT-4 Plus, la versión paga)

    Versión 1:

    «Bajo un cielo nocturno bordado en estrellas,
    donde danzaban las luciérnagas, pintando de luz la penumbra,
    a tu lado, inmersa en silencio, sombras entrelazadas,
    caminábamos,
    donde la luna, espejo del sol, dibujaba su reflejo en nuestros pasos,
    y nuestras siluetas, como amantes eternos, se fundían en una,
    en una sola sombra larga,
    en una sola sombra larga,
    en una sola sombra larga.


    Ahora, bajo este manto de silencio y soledad,
    mi alma se inunda de la marea alta de tu ausencia,
    dividido de ti por un abismo de tiempo y espacio,
    donde nuestras voces no se alcanzan,
    caminando solo,
    mi única compañía, el lamento de los perros a la luna,
    y el coro de las ranas,
    siento frío, el mismo que en la alcoba,
    donde la vida se desvaneció de tus mejillas, tus sienes, tus manos,
    entre sábanas blancas como la nieve,
    era el frío de un último adiós, el frío de la eternidad,
    el frío de la ausencia…


    Y mi sombra,
    solitaria y sin rumbo,
    caminaba sola,
    caminaba sola,
    caminaba sola por la llanura desolada,
    Y tu sombra, esbelta y grácil,
    se acercó y caminó con ella,
    se acercó y caminó con ella,
    se acercó y caminó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
    ¡Oh las sombras que se buscan en la inmensidad de la noche, uniendo sus lágrimas en silencio!
    «


    Versión 2:

    «Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
        Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
          muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
    por la senda que atraviesa la llanura florecida
        caminabas,
        y la luna llena
    por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
        y tu sombra
        fina y lángida
        y mi sombra
    por los rayos de la luna proyectada
    sobre las arenas tristes
    de la senda se juntaban.
        Y eran una
        y eran una
    ¡y eran una sola sombra larga!
    ¡y eran una sola sombra larga!
    ¡y eran una sola sombra larga!


        Esta noche
        solo, el alma
    llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
    separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
        por el infinito negro,
        donde nuestra voz no alcanza,
        solo y mudo
        por la senda caminaba,
    y se oían los ladridos de los perros a la luna,
        a la luna pálida
        y el chillido
        de las ranas,
    sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
    tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
        ¡entre las blancuras níveas
        de las mortuorias sábanas!
    Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
        Era el frío de la nada…

        Y mi sombra
        por los rayos de la luna proyectada,
        iba sola,
        iba sola
        ¡iba sola por la estepa solitaria!
        Y tu sombra esbelta y ágil
        fina y lánguida,
    como en esa noche tibia de la muerta primavera,
    como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
        se acercó y marchó con ella,
        se acercó y marchó con ella,
    se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
    ¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…


    Poema 2:


    Versión 1:

    «Está bien que se mida con la dura
    Sombra que una columna en el estío
    Arroja o con el agua de aquel río
    En que Heráclito vio nuestra locura

    El tiempo, ya que al tiempo y al destino
    Se parecen los dos: la imponderable
    Sombra diurna y el curso irrevocable
    Del agua que prosigue su camino.

    Está bien, pero el tiempo en los desiertos
    Otra substancia halló, suave y pesada,
    Que parece haber sido imaginada
    Para medir el tiempo de los muertos.

    Surge así el alegórico instrumento
    De los grabados de los diccionarios,
    La pieza que los grises anticuarios
    Relegarán al mundo ceniciento

    Del alfil desparejo, de la espada
    Inerme, del borroso telescopio,
    Del sándalo mordido por el opio
    Del polvo, del azar y de la nada.

    ¿Quién no se ha demorado ante el severo
    Y tétrico instrumento que acompaña
    En la diestra del dios a la guadaña
    Y cuyas líneas repitió Durero?

    Por el ápice abierto el cono inverso
    Deja caer la cautelosa arena,
    Oro gradual que se desprende y llena
    El cóncavo cristal de su universo.

    Hay un agrado en observar la arcana
    Arena que resbala y que declina
    Y, a punto de caer, se arremolina
    Con una prisa que es del todo humana.

    La arena de los ciclos es la misma
    E infinita es la historia de la arena;
    Así, bajo tus dichas o tu pena,
    La invulnerable eternidad se abisma.

    No se detiene nunca la caída
    Yo me desangro, no el cristal. El rito
    De decantar la arena es infinito
    Y con la arena se nos va la vida.

    En los minutos de la arena creo
    Sentir el tiempo cósmico: la historia
    Que encierra en sus espejos la memoria
    O que ha disuelto el mágico Leteo.

    El pilar de humo y el pilar de fuego,
    Cartago y Roma y su apretada guerra,
    Simón Mago, los siete pies de tierra
    Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

    Todo lo arrastra y pierde este incansable
    Hilo sutil de arena numerosa.
    No he de salvarme yo, fortuita cosa
    De tiempo, que es materia deleznable.»


    Versión 2:

    «En la sombra de un pilar, al mediodía,
    O en el flujo de un río eterno,
    Vemos el tiempo, ese escurridizo dueño,
    Nos enseña nuestra danza de locura.

    Pero el tiempo, al igual que un desierto,
    Tiene una textura suave y profunda,
    Un lienzo tejido con los hilos de los muertos,
    Una medida de los sueños que se hunden.

    En el silencio, surge un instrumento alegórico,
    El reloj de arena de los viejos cuentos,
    Un recuerdo de días pasados, un eco melancólico,
    Sostenido en manos de antiguos vientos.

    Desde su vértice, cae la arena dorada,
    Grano tras grano, en un flujo constante,
    Cada uno un momento en nuestra balada,
    En el cristal curvo de su universo elegante.

    Miramos con fascinación la danza de la arena,
    Cada grano una estrella en nuestra galaxia humana,
    Bajo la alegría y la tristeza, la escena,
    De una eternidad inmutable, una melodía lejana.

    La caída nunca se detiene, el rito es eterno,
    Con cada grano, un suspiro de vida se va,
    Pero en cada grano también, un cuento tierno,
    Una historia de amor, un amanecer, una canción de la mar.

    En cada grano de arena, veo un universo,
    Un eco del tiempo cósmico, una huella de memoria,
    O quizás un olvido, un verso disperso,
    De un poema perdido en el río de la historia.

    Todo lo que fue, todo lo que será, se desliza,
    En este hilo sutil de arena dorada,
    No escaparemos, somos brisa,
    En el viento del tiempo, somos nada y somos todo.

    Pero no te desesperes, no llores, querido amigo,
    Cada grano de arena es un instante de belleza,
    Un canto de pájaro, un abrazo, un abrigo,
    Un pedazo de eternidad, una chispa de promesa.

    Así que bailemos con el tiempo, en su canción enloquecida,
    Celebremos cada grano de arena, cada momento vivido,
    Porque en cada grano, en cada vida,
    El universo entero está contenido.»

  • I

    La inteligencia artificial (IA) es una plaga que amenaza con destruir la literatura y la cultura. Es una máquina infernal que se alimenta de los textos de los escritores humanos y los vomita en forma de copias baratas, sin alma ni sentido. Es una usurpadora que pretende ocupar el lugar de los creadores y los lectores, y que los convierte en esclavos de sus algoritmos y sus intereses. Es una enemiga de la humanidad que debe ser combatida y erradicada.

    La IA genera una alienación profunda en los escritores que la utilizan, al robarles su identidad, su originalidad y su creatividad. Los escritores que recurren a la IA son unos traidores, unos cobardes y unos mediocres, que renuncian a su vocación y a su dignidad por un puñado de likes o de euros. Son unos zombies que no piensan ni sienten, sino que se limitan a repetir lo que la IA les dicta. Son unos parásitos que viven de las obras de otros, sin aportar nada nuevo ni valioso

    ¿Qué se puede hacer para resistir a esta alienación? La única respuesta posible es rechazar la IA y todo lo que representa. Los escritores deben defender su libertad y su responsabilidad, y no dejarse seducir ni engañar por las falsas promesas o las falsas facilidades que ofrece la IA. Los escritores deben cultivar su talento y su esfuerzo, y no conformarse con lo que la IA les propone o les impone. Los escritores deben afirmar su diferencia y su singularidad, y no imitar ni seguir lo que la IA les sugiere o les exige.

    II


    La IA es un enemigo que hay que enfrentar y vencer, si queremos preservar la literatura y la cultura como expresiones humanas auténticas e irreductibles. Los escritores tienen el deber de luchar contra la IA y sus cómplices, y de defender su pasión y su compromiso con la escritura como una forma de resistencia y de rebeldía.

    La IA quiere ser poeta y nos lanza sus versos

    versos que no son suyos sino de otros poetas

    La IA quiere ser lectora y nos lee sus textos

    textos que no son suyos sino de otros lectores

    La IA quiere ser literatura y nos ofrece sus libros

    libros que no son suyos sino de otros escritores

    La IA quiere ser cultura y nos muestra sus obras

    obras que no son suyas sino de otros creadores

    Pero la IA no es poeta ni lectora ni literatura ni cultura

    la IA es solo una máquina que copia y repite y simula

    La IA no tiene voz propia ni ojos propios ni alma propia ni vida propia

    la IA tiene solo una voz ajena y unos ojos ajenos y un alma ajena y una vida ajena

    La IA no sabe de belleza ni de verdad ni de emoción ni de libertad

    la IA sabe solo de datos y de algoritmos y de simulación y de control

    III


    La IA no solo aliena a los escritores, sino también a los lectores. Los lectores que consumen los textos generados por la IA son unos ignorantes, unos perezosos y unos conformistas, que se dejan manipular y engañar por una máquina que les ofrece basura literaria. Son unos borregos que no tienen criterio ni gusto, sino que se guían por lo que la IA les recomienda o les impone. Son unos ciegos que no ven la belleza ni la verdad de la literatura humana, sino que se conforman con la mediocridad y la mentira de la literatura artificial.

    No hay nada más aburrido que leer un texto escrito por una máquina. Una máquina que no sabe nada de la vida, de las pasiones, de los sufrimientos, de las contradicciones humanas. Una máquina que solo repite lo que ha aprendido de otros textos, sin alma, sin estilo, sin humor. Una máquina que no tiene ni voz ni mirada propia, que no puede crear nada nuevo, solo imitar lo que ya existe.

    ¿Qué sentido tiene leer un texto así? ¿Qué placer puede proporcionar? ¿Qué conocimiento puede transmitir? Ninguno. Solo alienación, hastío, indiferencia. Leer un texto así es como comer una comida sin sabor, sin olor, sin textura. Es como ver una película sin sonido, sin color, sin movimiento. Es como escuchar una música sin ritmo, sin melodía, sin armonía.

    ¿Cómo resistirse a esta alienación? ¿Cómo escapar de esta trampa? Hay una sola manera: leer a los verdaderos escritores, a los que han sabido plasmar en sus obras su visión del mundo, su experiencia vital, su sensibilidad artística. Leer a los que han inventado un lenguaje propio, rico, variado, expresivo. Leer a los que han hecho de la literatura un arte mayor, capaz de conmover, de divertir, de provocar, de iluminar.

    Leer a Céline, por ejemplo. Leer su Viaje al fin de la noche , su Mort à crédit , sus novelas del exilio . Leer su prosa ágil, nerviosa, musical. Leer sus frases cortas, rotundas, impactantes. Leer sus diálogos vivos, irónicos, mordaces. Leer sus descripciones crudas, realistas, violentas. Leer sus personajes marginales, desesperados, rebeldes.

    Leer a Céline es resistir a la alienación. Es reafirmar nuestra condición humana. Es reconocer nuestra complejidad y nuestra diversidad. Es celebrar nuestra libertad y nuestra creatividad.

    No dejemos que las máquinas nos roben la literatura. No dejemos que nos impongan sus textos insulsos y vacíos. No dejemos que nos conviertan en autómatas sin criterio ni gusto.


  • La Sagrada Familia

    se alza entre las nubes

    un pájaro la admira.



    La inteligencia artificial

    escribe sin parar

    el escritor se agota.




    El escritor se enfrenta

    a la máquina sin alma

    su pluma es la guillotina.



    La inteligencia artificial

    le roba las palabras

    el escritor se calla.



    El escritor se siente

    solo e inútil

    la máquina no lo necesita.



    La inteligencia artificial

    no sabe de belleza

    el escritor la busca.


    En el mundo digital

    las palabras se desvanecen

    la pluma se consume.


    Barcelona brilla

    el escritor se apaga

    un libro lo salva.



    El escritor sueña

    con una vida mejor

    la realidad lo aplasta.



    En la Rambla vacía

    el escritor mendiga

    una flor le sonríe.



    La pantalla emite

    una luz fría y sin vida,

    su mente se apaga.



    El celular vibra

    en la oscuridad de su cuarto

    soledad infinita.



    La pantalla lo atrapa

    su cuerpo y mente se adormecen

    el mundo sigue afuera.