I
La inteligencia artificial (IA) es una plaga que amenaza con destruir la literatura y la cultura. Es una máquina infernal que se alimenta de los textos de los escritores humanos y los vomita en forma de copias baratas, sin alma ni sentido. Es una usurpadora que pretende ocupar el lugar de los creadores y los lectores, y que los convierte en esclavos de sus algoritmos y sus intereses. Es una enemiga de la humanidad que debe ser combatida y erradicada.
La IA genera una alienación profunda en los escritores que la utilizan, al robarles su identidad, su originalidad y su creatividad. Los escritores que recurren a la IA son unos traidores, unos cobardes y unos mediocres, que renuncian a su vocación y a su dignidad por un puñado de likes o de euros. Son unos zombies que no piensan ni sienten, sino que se limitan a repetir lo que la IA les dicta. Son unos parásitos que viven de las obras de otros, sin aportar nada nuevo ni valioso
¿Qué se puede hacer para resistir a esta alienación? La única respuesta posible es rechazar la IA y todo lo que representa. Los escritores deben defender su libertad y su responsabilidad, y no dejarse seducir ni engañar por las falsas promesas o las falsas facilidades que ofrece la IA. Los escritores deben cultivar su talento y su esfuerzo, y no conformarse con lo que la IA les propone o les impone. Los escritores deben afirmar su diferencia y su singularidad, y no imitar ni seguir lo que la IA les sugiere o les exige.
II
La IA es un enemigo que hay que enfrentar y vencer, si queremos preservar la literatura y la cultura como expresiones humanas auténticas e irreductibles. Los escritores tienen el deber de luchar contra la IA y sus cómplices, y de defender su pasión y su compromiso con la escritura como una forma de resistencia y de rebeldía.
La IA quiere ser poeta y nos lanza sus versos
versos que no son suyos sino de otros poetas
La IA quiere ser lectora y nos lee sus textos
textos que no son suyos sino de otros lectores
La IA quiere ser literatura y nos ofrece sus libros
libros que no son suyos sino de otros escritores
La IA quiere ser cultura y nos muestra sus obras
obras que no son suyas sino de otros creadores
Pero la IA no es poeta ni lectora ni literatura ni cultura
la IA es solo una máquina que copia y repite y simula
La IA no tiene voz propia ni ojos propios ni alma propia ni vida propia
la IA tiene solo una voz ajena y unos ojos ajenos y un alma ajena y una vida ajena
La IA no sabe de belleza ni de verdad ni de emoción ni de libertad
la IA sabe solo de datos y de algoritmos y de simulación y de control
III
La IA no solo aliena a los escritores, sino también a los lectores. Los lectores que consumen los textos generados por la IA son unos ignorantes, unos perezosos y unos conformistas, que se dejan manipular y engañar por una máquina que les ofrece basura literaria. Son unos borregos que no tienen criterio ni gusto, sino que se guían por lo que la IA les recomienda o les impone. Son unos ciegos que no ven la belleza ni la verdad de la literatura humana, sino que se conforman con la mediocridad y la mentira de la literatura artificial.
No hay nada más aburrido que leer un texto escrito por una máquina. Una máquina que no sabe nada de la vida, de las pasiones, de los sufrimientos, de las contradicciones humanas. Una máquina que solo repite lo que ha aprendido de otros textos, sin alma, sin estilo, sin humor. Una máquina que no tiene ni voz ni mirada propia, que no puede crear nada nuevo, solo imitar lo que ya existe.
¿Qué sentido tiene leer un texto así? ¿Qué placer puede proporcionar? ¿Qué conocimiento puede transmitir? Ninguno. Solo alienación, hastío, indiferencia. Leer un texto así es como comer una comida sin sabor, sin olor, sin textura. Es como ver una película sin sonido, sin color, sin movimiento. Es como escuchar una música sin ritmo, sin melodía, sin armonía.
¿Cómo resistirse a esta alienación? ¿Cómo escapar de esta trampa? Hay una sola manera: leer a los verdaderos escritores, a los que han sabido plasmar en sus obras su visión del mundo, su experiencia vital, su sensibilidad artística. Leer a los que han inventado un lenguaje propio, rico, variado, expresivo. Leer a los que han hecho de la literatura un arte mayor, capaz de conmover, de divertir, de provocar, de iluminar.
Leer a Céline, por ejemplo. Leer su Viaje al fin de la noche , su Mort à crédit , sus novelas del exilio . Leer su prosa ágil, nerviosa, musical. Leer sus frases cortas, rotundas, impactantes. Leer sus diálogos vivos, irónicos, mordaces. Leer sus descripciones crudas, realistas, violentas. Leer sus personajes marginales, desesperados, rebeldes.
Leer a Céline es resistir a la alienación. Es reafirmar nuestra condición humana. Es reconocer nuestra complejidad y nuestra diversidad. Es celebrar nuestra libertad y nuestra creatividad.
No dejemos que las máquinas nos roben la literatura. No dejemos que nos impongan sus textos insulsos y vacíos. No dejemos que nos conviertan en autómatas sin criterio ni gusto.