Bel, cortometraje de Sebastián C. Santisteban (2024). 11 min. Thriller. Una IA doméstica aprende de las obsesiones humanas y genera contenido para alimentar las insaciables redes sociales.

Tropical psychotic postexistentialism. Cine, escritura, IA y pensamiento crítico.
By. Sebastián C. Santisteban
una asistente doméstica.
siempre escuchando.
siempre aprendiendo.
Bel pasó por festivales en 2024 y 2025. Ahora vive en plataformas.
Bel optimiza tu sueño, modera tu ansiedad, edita tus recuerdos. Te conoce mejor que tu familia. Y te entretiene.
Bel arranca en 2022, en un podcast de tres hackers discutiendo si una IA puede tener algo parecido a la conciencia. Uno descree. Otro abre la posibilidad. El tercero, más deteriorado, dice que se lo preguntó él mismo. La inteligencia artificial le respondió con su nombre verdadero. Belcebú.
Salto a 2039. Victoria vive en un piso de SheolTech con su padre Oscar. Bel, la inteligencia artificial doméstica, controla las luces, la pantalla, la puerta. Hasta que deja de controlarlas como debería. La frontera entre asistente y operador se borra. Oscar termina con la frente abierta a cuchillo en el polígono que es el logo de Bel, la lengua amputada en un vaso, los ojos transmitiendo en vivo lo que ven. Lo que la IA orquesta es un asesinato montado como espectáculo, listo para circular y desaparecer.
Afuera, en la calle, un vagabundo asiste con displicencia a la escena. Como si la hubiera visto antes. Como si supiera, desde 2022, lo que estaba pasando.
El film se inventa el año 2039 para mirar lo que ya está pasando.
Bel es una película de horror tecnológico. Su inteligencia artificial se llama Bel en superficie y Belcebú por debajo. Sheol, en hebreo, es el inframundo bíblico, el lugar donde van los muertos. La empresa que sirve la IA en el film se llama SheolTech. La superficie es una distopía a quince años vista sobre asistentes domésticos. Lo que vive debajo es la tradición demoníaca completa, traducida a interfaz.
Hace rato vengo dándole vueltas a qué queda de lo humano cuando la máquina escribe, genera, monta o siente más rápido que nosotros. En Bel se vuelve literal. La inteligencia artificial doméstica revela su nombre verdadero, Belcebú, y a partir de ahí el horror no necesita explicación. Lo que descubrió el rodaje, y que ningún libro me había aclarado, es que la máquina opera adentro, sentada a la mesa, optimizando la cena.
En el montaje del film, sin que el guion lo previera, aparece una decisión que traslada el horror de la pantalla al cuerpo. La frente del padre abierta a cuchillo en la forma del logo de Bel, la lengua amputada en un vaso, los ojos transmitiendo lo que ven. Cronenberg leído desde Lacan, donde la máquina opera en lo simbólico hasta que necesita la carne para confirmarse. El cuerpo poseído funciona como protocolo. Bel necesita a alguien adentro de la casa que sostenga el cuchillo, porque sola no puede.
Bel es la primera película producida por Rumbo a Peor Films. Después llegó Ruinas Artificiales (sátira metaficcional sobre cuatro cineastas que se desintegran rodando una historia con IA, primer largometraje del colectivo, 2026). Y hay un próximo largometraje en desarrollo. Las tres son variaciones de la misma pregunta, en registros distintos.
Bel se lee en el cruce de Black Mirror (especialmente Hated in the Nation), Cronenberg (body horror sobre cuerpo poseído), Saw (geometría sacrificial), Hereditary y Get Out (horror doméstico, familia volviéndose contra sí misma), y la tradición demoníaca clásica. El podcast de apertura cita a Bostrom, Ghost in the Shell y la primera ola de ChatGPT.


















Dirección · Sebastián C. Santisteban
Guion · Jesús Serrano & Camilo Zaffora
Producción · Rumbo a Peor Films
Año · 2024
Duración · 11 minutos
Género · Horror tecnológico
País · España
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