Sebastián C. Santisteban

Tropical psychotic postexistentialism. Cine, escritura, IA y pensamiento crítico.

Nadie Jamás Nunca Debió Ser Escritor (y menos ahora, nos dice la IA)

Dejemos algo claro desde el principio: ya se sabía que esto iba a pasar. Seis años escribiendo «El Maluverso», y desde el primer día, tenía claro que sería un acto de rebeldía infructuoso. No es que esperara aplausos o ventas masivas; era consciente del absurdo de ser escritor en un mundo que prefiere los memes a las metáforas.

Cinco ejemplares vendidos. Eso es todo. Y no, no estoy aquí para lamentarme o buscar (compasión) o simpatía. (A lo bien). Sino para reírme de la ironía de todo esto. Mientras yo tecleaba palabras en la soledad de mi habitación (y del vino de caja), el mundo afuera se entretenía con el drama de las celebridades (del TikTok) y los futbolistas. ¿Por qué alguien en su sano juicio elegiría leer un libro, mi libro, en medio de todo este circo (post)moderno?

La escritura, en estos tiempos, es como sembrar en el asfalto.

Sin embargo, elegí ser escritor, completamente consciente (del) destino. Las entrevistas en radio, la reseña (ficticia publicada apócrifamente en un medio nacional), el (booktrailer) generado con IA… Todo eso fue solo parte del espectáculo, un ejercicio (de futilidad en medio de la) futilidad que ya había predicho.

La auténtica comedia aquí es cómo la sociedad devora el drama (de) lo efímero (sin un final).

Así, mientras yo me desangraba con palabras, el mundo se desvivía (con) el último meme del padre de Luis Díaz o los gritos contra la hija de Petro que salía llorando por ir a ver un partido de fútbol (quién la mandó). Los libros, parece, son reliquias de una era más reflexiva, totalmente desubicadas de este frenesí de lo inmediato.

Y hablemos de la familia y los amigos, esos eternos entusiastas que juraban estar ansiosos por leer mi obra (no es cierto, nunca me dijeron nada). Curiosamente, cuando «El Maluverso» vio la luz, sus entusiasmos se evaporaron más rápido que alcohol en verano. Ahí (está) la verdad desnuda: un plato de pescado en Cajicá o Paipa tiene más valor que años de sangre, sudor y lágrimas plasmados en el papel. Lo cómico de todo esto es que, honestamente, no los culpo. En un mundo donde el sabor de una trucha es más tangible que las ideas abstractas de un libro, ¿quién podría resistirse al encanto de la gastronomía sobre el de la literatura?

Pero aquí estoy, sin un ápice de autocompasión, sino con una sonrisa burlona. Porque, al final, esta elección de ser escritor, en una era que no tiene tiempo para las palabras, fue solamente mía (creo). ¿Un fracaso? Tal vez en términos de ventas, pero no en términos de propósito, (pues) cada palabra de «El Maluverso» fue un desafío a la trivialidad reinante, un grito en la oscuridad.

Así que, ¿arrepentimiento? Ni por un instante. «El Maluverso» es más que un libro; es un manifiesto del absurdo. Es la risa en medio del vacío, el chiste cósmico de un universo que se entretiene con vanidades (cada vez más simples). Mi obra es un monumento a la obstinación, una broma existencial escrita en el lenguaje de los condenados a pensar. En un mundo donde todo parece efímero y sin sentido, «El Maluverso» se yergue como un recordatorio hilarante de nuestra insignificancia. Al final, tal vez todo sea una burla, pero qué mejor burla que la de un escritor que sabía que nadie leería su libro y aún así, se atrevió a escribirlo.

(Pueden comprar «El Maluverso» en el siguiente enlace, SÍ: https://calixtaeditores.com/product/el-maluverso-o-cuentos-existencialistas-para-reggaetoneros/

Y leer la reseña apócrifa acá:

Un Viaje Existencialista con Sabor a Reggaetón: Reseñando “El Maluverso (o cuentos existencialistas para reggaetoneros)”

Y otra acá:

https://www.las2orillas.co/para-entender-la-absurda-vida-moderna-llega-el-maluverso-o-cuentos-existencialistas-para-reggaetoneros/)

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